viernes, 24 de octubre de 2014

Dos meses de retiro espiritual

Puente en medio de Ginebra
Dos meses desde que saliera del aeropuerto de Santiago en un viaje que debería ser una pasantía para trabajar en el mismo CERN, donde los expertos están, donde las reuniones de las áreas en que trabajo se realizan, y donde la vanguardia misma de la ciencia es el quid del lugar. Dos meses en los que, si no fuera por la conexión a internet que permite seguir en contacto con la gente que dejé y por un compañero de trabajo que vino por el mismo período, hubiera estado completamente solo.
Aperture Science, digo, el CERN

No dejo de preguntarme qué tan diferente hubiera sido si hubiera estado realmente solo, aislado, sin comunicación y sin ningún conocido cerca. Sin embargo, el relativo aislamiento al que me sometí me sirvió para reflexionar acerca de mi vida, acerca de lo que pretendo, acerca de mi futuro. Las conclusiones no son lindas, pero me dan un cierto norte para lo que vaya a seguir a continuación.

Vista desde mi escritorio en la oficina, prácticamente el subterráneo.
Debo decir que una de las primeras cosas que he aprendido de mí mismo es que no me gusta el idioma francés y no me interesa aprenderlo en lo más mínimo. Y puede que por esa razón es que no me haya logrado sentir realmente cómodo en Suiza y Francia, aunque pudieron ser otras razones. No es un problema de cultura o de gente, pero este sector, tan rural, no es para mí. Es posible que si haya vivido en el centro de Ginebra o en alguna otra ciudad grande, la sensación hubiera sido diferente, pero lo plano y solitario del campo (con caminatas de media hora solo para tomar transporte, ni hablar de conseguir comida pasadas las siete de la tarde) me hizo sentirme aislado. Aislado de influencias exteriores, aislado de distracciones, aislado del mundo... en fin, no es alguna de esas frases cliché de "me encontré conmigo mismo", pero tuve la oportunidad de analizarme en situaciones en las que normalmente no me encuentro.

Tras una relación de cinco años, a un año de haberla terminado, he notado que, a pesar de que uno naturalmente cambia (no se puede estar en una relación con alguien sin tranzar tarde o temprano una que otra cosa, tanto de comportamiento como de personalidad), he vuelto a ser "yo mismo", he vuelto a mis aficiones clásicas. Tras años de ver solo televisión y películas estadounidenses y europeas, con uno que otro tímido atisbo de anime entre medio, he vuelto a reencontrarme con la animación japonesa, recordando que tenía la intención de aprender ese maravilloso idioma y sus técnicas y estilo de dibujo. Además de haber devorado un par de mangas en poco tiempo, siento la necesidad de ver más, leer más, y de retomar mis perdidas habilidades de dibujo y de escritura, ya que tengo varios proyectos botados que tenían mucho futuro en el rubro de la narrativa ilustrada. Por otro lado, en este año, retomé mis estudios musicales, dejados de lado a causa de la ciencia, un área que si bien es interesante, no es a lo que me quiero dedicar el resto de mis días. No quiero ni siquiera terminar el año haciendo eso, pero a falta de un trabajo más orientado a lo mío, las alternativas no son muchas; además de que tengo el compromiso de terminar el programa de magister que estoy haciendo.

Iglesia de Sergy, Francia

En el fondo, en este viaje que debiera haber sido de trabajo, terminé dándome cuenta de hacia dónde quiero ir, qué quiero hacer, qué no quiero hacer y qué medidas debiera tomar al respecto. He luchado contra mí mismo y mis frustraciones, como el llevar tanto tiempo practicando y no ser capaz de ver progresos reales. He necesitado sentarme a reflexionar al respecto, darme cuenta de mis errores, aprender de ellos y, más importante, aprender a corregirlos. Y es algo que he tenido que hacer solo.

En conclusión, este viaje ha sido productivo para mí, pero no para quienes me pidieron que hiciera el viaje. He hecho lo que he podido debido en el trabajo, cada vez más gráficos y creando diez preguntas por cada una que respondo (más o menos como pasa con las ciencias básicas) y todo para darme cuenta de que quiero aprender a programar juegos, dibujar manga (el uso del término es laxo, dejémoslo en el estilo), componer música para juegos, para conciertos y aprender a improvisar, para poder pasar las noches tocando en algún bar de mala muerte, para morir a los 50 por cirrosis hepática por la vida bohemia que habré llevado :D

En fin, necesitaba sacarme esto de encima, para fingir que mi cerebro aún funciona para algo.

3 comentarios:

Laire Rebdan dijo...

Sé lo que sientes, de verdad. Los viajes casi solitarios al otro lado del mundo. El mío fue hace unas dos semanas a Santiago, Chile. En fin, concuerdo con todo lo que pusiste :) saludos

Javier Salazar Loyola dijo...

Los viajes solitarios son reveladores sobre uno mismo :P... Recuerdo que en G+ comentaste más o menos lo mismo que yo pienso de los viajes por acá: no hay nada que ver.

Mi viaje fue particularmente revelador porque fue un "nop. No estoy donde debo ni donde quiero y sáquenme de aquí" xD

Laire Rebdan dijo...

Me pasó exactamente lo mismo. Creo que textualmente dije tu cita