viernes, 1 de junio de 2012

La Creación de Antemano

Hoy, mi directora de orquesta de toda la vida me ha comentado respecto de la idea que tiene de presentarme a un grosso de la composición en este terruño para que me acepte como, idealmente, discípulo. Una excelente noticia, considerando que mi objetivo de vida es convertirme en compositor de piezas que se interpreten y no que estén acumulando polvo en algún rincón de mi disco duro del computador.

¿Qué cambió respecto de otras obras que le he mostrado a esta mujer, cuya vida se ha consagrado a la música?

El orden, principalmente.

No es que una obra artística deba ser un seguimiento estricto de reglas previamente establecidas sin ninguna gracia por sí mismas, resultando en un cuadro, por ejemplo, perfectamente simétrico, lleno de armonía, color y payasadas afines. Un computador, por ejemplo, bien puede ser programado para obedecer ciertas reglas y crear "obras" en base a ellas, todas perfectamente equilibradas, completamente ordenadas... pero también, completamente vacías.

Cuando digo orden, me refiero a que la obra que compuse, en este caso una suerte de overtura de concierto con contenido principalmente evocativo, estuvo compuesta (dentro de ciertos límites) desde antes de que pusiera la primera nota sobre el pentagrama. En este caso particular, sabía que quería una introducción que diera la tonalidad (un acorde de re mayor en las cuerdas en el tiempo fuerte de un compás de 3/4, nada más) y un primer tema con un motivo sencillo, seguido de un pequeño puente que conecta con un segundo tema contrastante (típica sonata). Luego de eso, un desarrollo más o menos extenso (al estilo romántico, más que clasisista, que tenían desarrollos brevísimos), la recapitulación, y la coda - que fue lo que más me costó, de hecho.

Con esa estructura en mente, el resto fue conducir por los motivos que iban a dominar la pieza, con algunas improvizaciones más y otras menos. La melodía principal del primer tema la anoté en la pizarra de mi living-comedor-estudio-escritorio-etc, comenzó a sonar en mi cabeza y luego, sólo tuve que encontrar las notas. Con esas dos cosas, comenzó todo y ya que estaba todo tan claro en mi mente, no sólo el resultado final fue mucho mejor que buena parte de otras cosas que ya he hecho, sino que me demoré la nada misma en terminar el bosquejo preliminar - ver el final de la entrada :P -, algo así como 6 semanas trabajando sólo unas 3 o 4 horas los días sábado en la mañana, que era mi momento disponible para sentarme a componer.

No es que mi gran impresión es que con esta metodología de trabajo todo salga más rápido, eficiente y demases. De hecho, la pieza en sí tiene un estilo clasisista (dicen), con una íntensión romanticista (digo), así que no es de gran complejidad en ningún término, como para que uno se demore mucho desarrollando la idea. La conclusión que saco de esto es que es importante tener claro qué es lo que se quiere decir e, idealmente, cómo decirlo, o de otro modo, el mensaje jamás quedará expresado de forma coherente. El desorden no es un problema en sí mismo, sino que el hecho de que no se entienda cuál es ese desorden y cuál es su porqué.

Para el interesado en este bodrio, se puede escuchar en http://dl.dropbox.com/u/26928801/versionPreliminar.mp3
La orquestación utilizada es 2 flautas, 2 clarinetes, 2 cornos, 2 trompetas, 1 trombón, 2 timbales (idealmente debieran ser 4, pero uno hace lo que puede con lo que tiene a mano), un cymbal sin mucho aporte que se me ha olvidado sacar, violín primero, violín segundo, viola, cello y contrabajo.

Traté de componerla sin cornos, pero no hubo caso. Es un instrumento imprescindible en mi orquestación :P.

Saludos

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