jueves, 28 de junio de 2012

Cacería

Sed. La necesidad más básica para mí, atacándome con desesperación. No puedo ignorarla, no puedo pensar en nada más. Apenas despierto, la siento en mi garganta, exigiendo el infame tributo, el brutal sacrificio que hace varias noches no le doy.

Salgo a la noche y me baño con las luces de la ciudad durmiente. Para suerte de todos, incluyéndome, no escucho a nadie cerca, en las calles. Me muevo hacia algún callejón solitario y oscuro, y aguardo. No puedo arriesgarme a entrar en alguna casa y ser descubierto. Si lo hiciera, ellos lo descubrirían y sería mi fin. Y no es así como debe pasar. Cuando ellos me descubran, debe ser su fin.

Toda mi vida me caractericé por mi fuerza de voluntad. Voluntad que me llevó a miles de lugares, a miles de triunfos, miles de fracazos. Mi último triunfo, controlar mi Sed. Ellos suelen no poder soportarla como yo y eso les hace, en el mejor de los casos, cometer descuidos, y en el peor, perder la cabeza. Literalmente. Eso no puede ocurrirme a mí. Confío en que no me ocurra. Así que espero, oculto en las sombras de un callejón oscuro que hiede a orines de perro y borrachos. Linda ciudad.

Escucho sus pasos poco antes que a su corazón y su respirar agitado. Por sobre los programas basura de televisión que se escuchan al interior de las casas y departamentos que rodean este callejón pútrido, ejemplo claro de la voluntad - y éxito en la empresa - de los medios de idiotizar a las masas como antaño intentaran los gobiernos totalitarios con diversos grados de consecución de la meta, escucho los pasos acelerados y el aliento jadeante de un ladrón de poca monta que nunca sabrá que fue mi presa.

Sin moverme de donde estoy, me inmiscuyo en su mente, entre las banalidades deportivas de la semana y el desconocimiento de qué es lo que robó y a qué tipo de persona. Implanto en sus pensamientos el germen de la idea de cruzar el callejón donde me oculto, sin siquiera que le sirva en su vía de escape y veo la simpleza de su naturaleza, lo sencillo de su pensamiento. Su único fin era asistir al evento deportivo - algo monotemático el hombre - de la semana, con un intento de mujer a la que decía amar sin comprender realmente el significado ni el alcance de la palabra, excepto por el hecho de que le abría las piernas de ella. Ni siquiera sabía con exactitud quién era esta protomujer con la que salía. No sé si debiera alimentarme de él con avidez o dejarlo ir y compadecerme de lo inútil e irrelevante de su vida. Su horizonte de planes era el partido de mañana. Lo único cierto es que lo odié. Su simpleza es dañina.

Sin embargo, ya está aquí y la Sed se hace incontrolable ante la cercanía de su humana pestilencia, mezcla de falta de perfume y desconocimiento de las propiedades higiénicas del monóxido de dihidrógeno, más conocido como agua. Salto sobre él y lo acorralo impidiéndole defenderse o gritar. Clavo mis colmillos en su aorta, antes de que sepa realmente qué está pasando, abriendo una vía de escape para el vital elíxir, cliché de historias de terror y religiones, y sacío mi Sed mientras su vida pasa frente a sus ojos. Y a los míos.

Una vida de austeridad y poco esfuerzo donde lo importante siempre fue el presente. La interpretación más vulgar de la ley de la selva lo llevaron a pandillas y amigos dedicados a hacerle la vida imposible a los demás, todo por mera diversión, todo para la inmediatez de "disfrutar" el día, un frenesí de carpe diem en su forma más vana y vulgar. A través de sus recuerdos, conozco mejor a sus víctimas de lo que él lo hizo viviendo los momentos con ellas. Especialmente la última. Mujer de familia a la que impidió de llegar con zapatos nuevos para un hijo, probablemente necesitado del calzado ante la inminente voracidad de la epoca de lluvias que se avecina. Las últimas imágenes se desvanecen, acallando los ya débiles latidos de su vacío corazón.

No hay remordimiento en mi conciencia cuando noto que estoy saciando la Sed con un cadáver. No hay pérdida para el mundo, no hay pérdida alguna para mí.  La Sed se apoderó de mis sentidos, mas no se perdió nada.

No es seguro que así sea la próxima vez.

Debo ser más cuidadoso.

26/06/2012, escrito en un intento de evitar el cabezazo contra la mesa en una clase aburrida, prácticamente cabalgando las alas del sueño.

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