miércoles, 11 de abril de 2012

Fantasía sobre una Mirada

Subió al vagón hastiada del que, con su consentimiento, se hacía llamar su pareja. Aprovechando que aquel insensible prototipo sin finalizar de hombre iba entretenido con la compañia de algún conocido sin importancia tan vacuo como él, se adentró en el vagón, acercándose a los artistas que se disponían a iniciar su espectáculo no solicitado. Los primeros compases de un conocido tango de autor ya enterrado que le hicieron olvidar por un momento la causa de su desdicha. Mas ésta se encargó de recordarle que seguía allí, presente. Reclamándola como suya, tal como solía hacer aquel tipo de hombres, machistas disfrazados de liberales, le exigió que le acompañara allá con su amigo irrelevante. Se desembarazó de él con la excusa de escuchar a los artistas, que continuaron con una animada, aunque melancólica, tonada rusa.

¿En qué momento la fantasía del príncipe azul se convirtió en la pesadilla de la princesa secuestrada? Imposible de decir, tan perdida estaba en la fantasía primera que cuando no pudo disfrazar más la realidad, ésta le dio de lleno y no pudo enfrentarla sin cuestionárselo todo. El espectáculo finaliza con otro tango de autores de antaño, que la hace reflexionar si no era más feliz antes, cuando la soledad era su única amiga.

Ahora, estaba todo perdido. Todo, a menos que se embarcara en la única opción: escapar de él, aquel que con la promesa de una vida mejor la transformó en un trofeo con el que presentarse ante su tribu de trogloditas iletrados, disfrazados de hombres cultos y libres. Tribu de esclavos de las apariencias, que bajo consignas y lemas de modernidad siguen pensando que el que tiene más conquistas, o el miembro más grande es el mejor. La decisión es de ella, pero ¿es la sabiduría su compañera en la vida o aún le falta un fondo que alcanzar?

06/04/2012

(Interpretaciones de la mirada de una transeúnte en el metro)